Prescencia Inca en el Volcán Licancabur

Una de las principales características que denota la presencia Inca en el valle de Atacama, es la enorme cantidad de centros ceremoniales en lo alto de los cerros aledaños. Prácticamente en todos ellos hay una pequeña o gran construcción, dependiendo de su relevancia religiosa.

El más importante es el volcán Licancabur o Tata Maico Licanco, como todavía lo llaman en algunos poblados de Atacama, de casi 6000 metros de altitud. Es el Dios Padre del pueblo de la altura, cerro sagrado de los pueblos antiguos, pues él tiene agua y del agua viene la vida. No solamente se realizaban ceremonias en su cumbre como un altar hacia los dioses, sino que en ellos mora el alma de los dioses. En su cumbre hay 18 estructuras construidas para la ejecución de ceremonias y la permanencia de las personas, incluyendo una plataforma o "Mesa" en el punto más plano y alto, varios pircados con gran cantidad de leña en su interior, una pequeña y bien conservada habitación construida en un recoveco de la cumbre, y una gran apacheta que mira hacia San Pedro, todo ello rodeando el cráter.

En la base de este cerro hay un gran pueblo construido sólo para recibir a los peregrinos que llegaban a su base para ascender a la cumbre y rendirle honores y pedirle ayuda a su Dios. Es probable que la fecha de estas peregrinaciones haya sido el solsticio de verano, en diciembre, pues ya más avanzada la temporada de lluvias era muy difícil acceder a la cumbre, lo mismo que en invierno. El solsticio de verano era el momento en que el sol llegaba más al sur de la Tierra, época de mayor calor y, además, tiempo de germinación de las semillas y de una nueva parición de los animales. Aunque no hay ceremonias actuales en esta fecha, sí existen "floreamientos", que es el trabajo de contar los animales y poner lanas de colores en orejas y lomo a cada uno de ellos, con el fin de saber cuántos hay y cómo están. Además, es el momento de hacer "Pagos" a la Pachamama, pidiéndole ayuda, protección y prosperidad.

 

La señora Evangelista Soza, atacameña nacida y criada en el pueblo de Talabre, cuenta una actividad que realizaba de niña junto a sus hermanos. Por orden de su padre, en fecha de Navidad, ellos debían modelar con barro todos los animalitos que quisieran, con excepción de la culebra y las lagartijas. En la madrugada de la Navidad, en el mes de diciembre, su padre salía hacia el cerro y en un lugar secreto de nacimiento de aguas, enterraba todos los animalitos modelados para que así el cerro sagrado les ayudara a reproducirse. Esta costumbre probablemente derive de las ceremonias realizadas durante las celebraciones de los solsticios en los centros ceremoniales de altura, ya que se han encontrado entierros ceremoniales, en las cumbres del volcán Licancabur y cerro Quimal, consistentes en llamitos de plata asociados a figuras humanas.

La complejidad del centro ceremonial del Licancabur indica que ahí se realizaban importantes actividades religiosas en que participaba una gran cantidad de personas, como lo demuestra la diversidad de construcciones que hay en la base, en la mitad y en la alta cumbre del cerro.

Patrimonio cultural

Los asentamientos humanos en la zona tienen una larga data, se estima que desde aproximadamente 11.000 años el área ha sido visitada u ocupada por grupos humanos. Cuando empiezan a asentarse las poblaciones se comienzan a manifestar diversas expresiones culturales así como las relaciones que establecieron con su entorno y las poblaciones vecinas. Las investigaciones revelan distintas fases en este desarrollo.

Período formativo

En la zona asociada al Salar de Atacama se han definido las fases Tilocalar (inicios del período -1.100 AC a 470 AC-, lapso temporal marcado por una continuidad arcaica de complejidad creciente), Toconao (entre el 300 AC y 100 DC, con una cerámica negra pulida y cestería de espiral polícromo; donde se torna evidentes los nexos con el noroeste argentino) y Sequitor, basadas en la asociación de elementos culturales presentes en los enterratorios.

Así, las poblaciones que habitan el citado sector se distribuyen en dos grandes áreas geográficas, conocidas como: Cuenca del Río Loa Superior-Río Salado y la Cuenca del Salar de Atacama. En este último, se encuentran los poblados de San Pedro de Atacama y varios ayllus, junto a los pueblos de Toconao, Talabre, Camar, Socaire y Peine; ocupando una estrecha faja cordillerana y precordillerana.

El núcleo de la Cultura Atacameña se constituyó en la zona donde se emplazan los actuales “ayllus” que conforman el poblado de San Pedro de Atacama. Debido a la gran cantidad de restos culturales encontrados, esta zona es conocida coloquialmente como “Capital Arqueológica de Chile”.

Las comunidades andinas, presentan una configuración multiétnica, con influencias de poblaciones provenientes del altiplano de Lípez, actual Bolivia, y el noroeste argentino, lo que ha generado un complejo escenario que remite a la actual trama étnica y cultural que presenta el área.

Colonia

La administración eclesiástica dividía el corregimiento de Atacama en: Atacama la Baja (cuenca del río Loa Superior y Río Salado, teniendo como cabecera de doctrina al pueblo de Chiu Chiu) y Atacama la Alta (que comprendía todos los caseríos y asentamientos cercanos al actual pueblo San Pedro de Atacama).

Desde la llegada de los primeros españoles, se denominó a todos los pueblos como “atacameños”, lo que fue resistido en algún tiempo, en pos de buscar la diferenciación entre los diferentes poblados; sin embargo, actualmente se ha producido un fenómeno de rearticulación socio-identitaria entre los grupos humanos que pueblan estos territorios, que ha permitido integrar más que disgregar a quienes se identifican con la etnia atacameña.  

La lengua de los atacameños es denominada Kunza, la cual se dejó de hablar hace décadas. La lengua Kunza se mantuvo en la zona del Salar de Atacama, en los pequeños poblados cercanos a San Pedro de Atacama, por más tiempo, en relación a zonas más pobladas y conectadas. El naturalista Philippi, que recorrió la zona atacameña en 1853-54, informaba de su notable declive, ya en aquella época: “El idioma atacameño es limitado a una población de tres o cuatro mil almas, hablándose únicamente en los lugares: San Pedro de Atacama, Toconao, Soncor, Socaire, Peine, Antofagasta, y unos pequeños lugares del cantón Chiu Chiu”. Pese a ello, se conservan algunas palabras o usos supralingüísticos en la población actual.

Los patrones de movilidad atacameña en el tiempo

La movilidad es un elemento importante de los patrones de vida ancestralmente desarrollada por los atacameños, siendo una de las estrategias de adaptación a un entorno caracterizado por la gran diversidad de condiciones ecológicas, con espacios muy reducidos y distanciados entre unos y otros, donde la complementación ecológica es un factor de éxito en la subsistencia.

Los atacameños se caracterizaron por desarrollar relaciones de vida móvil, que transitó entre cazadores recolectores a sociedades agropastoriles que practicaron el caravaneo; prueba de ello, es la existencia de numerosos pasos en la cordillera, los cuales se evidencian en los vestigios de construcciones asociadas a descanso de viajeros y aprovisionamiento.

De esta forma, los sectores móviles de las sociedades surandinas habrían sido fundamentales en la formación de “ejes” o asentamientos sedentarios que permitieron la complementariedad de recursos especializados formando una fisonomía social de “señoríos” políticamente autónomos pero unidos económicamente.

Las relaciones entre comunidades están articuladas en base al movimiento del tráfico de las caravanas de llamas. Más recientemente, se ha argumentado que la movilidad atacameña ha permitido la conformación de una “interdigitación multiétnica”, como resultado de la vinculación de distintos grupos sociales a través del parentesco y otras instituciones sociales localizadas geográficamente en forma discontinua.

Claramente esta forma de complementación ha sufrido transformaciones como consecuencia de la dominación colonial española, así como posteriormente la ejercida por los Estados boliviano y chileno.

En los últimos 20 años se ha desarrollado con fuerza la migración de la población atacameña hacia las ciudades, relacionada con una “nueva geografía económica”, marcada por tres “focos”: minería, turismo y pastoreo-agricultura tradicional.

Aspectos tradicionales

En San Pedro de Atacama y sus alrededores, la artesanía se basa en la elaboración de vestimenta y utensilios en lana de camélidos y cordero; artefactos hechos en madera de cactus, piedra volcánica, tamarugo y chañar.

En cuanto a la gastronomía, se destacan diferentes platos: la "Patasca", maíz pelado con carne contundente de pata de cordero o vacuno. El "Mote", se acompaña con carnes de camélidos o vacunos. El "Tostado", maíz blanco tostado en arena caliente. "Picante de Conejo", preparado con abundante ají y acompañado con arroz o quinoa (que es un cereal de la zona).

Las bebidas la componen: el "Aloja", chicha de algarrobo con agua cocida fermentada. La "Chicha de Maíz", compuesto por agua y maíz morocho. El "Anche", es un postre que se saca de la chicha de maíz. En las fiestas y ceremonias atacameñas se expresa una profunda e intensa interacción con la naturaleza, manifestada en los convites o invitaciones al espíritu de la tierra, la “pachamama”; de los cerros, “tata-cerros”; y del agua, “tata-putarajni” como también de los antepasados, “tata-abuelos”.

Hoy subsisten sus patrones tradicionales de creencias, cognición y simbolismo, basado en concepciones mitológicas tradicionales y re-actualizado mediante la experiencia ritual. Algunas de las festividades atacameñas son:

- El enfloramiento del ganado, que se celebra entre los meses de enero y febrero, donde se adorna a los animales con lanas de colores

- "Fiesta Religiosa de la Candelaria ", que se celebra el 2 de febrero, donde participan cofradías religiosas provenientes de los alrededores de la comuna.

- El carnaval o "Carnaval de San Pedro", que se celebra a fines de febrero; fiesta pagana en donde participa la comunidad en general y afuerinos con bailes, comida y bebidas típicas.

- "Fiesta Religiosa de San Pedro", el 29 de junio; se caracteriza por bailes típicos de la zona y alrededores.

- La limpia de canales , que se enlaza con algunas festividades de santo. Esta limpieza, se desarrolla en el segundo semestre de cada año.

- El culto a los tata abuelos o antepasados prehispánicos.

Hasta ahora, los Geiser del Tatio, junto a San Pedro de Atacama, el Valle de la Luna y las lagunas altiplànicas, habían sido valorados turísticamente por sus destacados atributos naturales; sin embargo, este ultimo tiempo, se ha estado comenzando a valorar y resaltar los aspectos culturales del territorio y su gente.